El teclado es lo único del escritorio que tocas durante todas las horas que escribes. Cuatro piezas seleccionadas, del de membrana barato al mecánico que aguanta una década, con el criterio de para qué sirve cada una cuando lo que se teclea es prosa y no partidas.
Ver los tecladosUna novela de ochenta mil palabras son alrededor de medio millón de pulsaciones. Repartidas entre unos meses no se notan, pero es la razón de que un teclado cómodo se pague solo y de que uno malo se note en los dedos antes que en el texto.
El mecánico dura mucho más y responde igual la primera tecla que la última del día, que es lo que se nota en sesiones largas. Un teclado de membrana bueno escribe bien; lo que hace peor es envejecer, porque las teclas más usadas se ablandan antes.
Sí, y de hecho varios de los mejores para prosa vienen de ahí, porque están construidos para aguantar millones de pulsaciones. Lo único prescindible es la iluminación y los macros.
Depende del interruptor. Los hay pensados para oficina que apenas se oyen y los hay que suenan como una máquina de escribir. Si compartes habitación, conviene mirar ese dato antes que ninguno.