Ratones y trackballs para escritores

Escribir apenas usa el ratón, pero revisar sí: seleccionar, arrastrar, saltar de párrafo, corregir. Cuatro opciones, del ratón de veinte euros al trackball que no obliga a mover el brazo.

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Qué mirar antes de comprar

  • El agarre. Con la palma apoyada entera se descansa más que con la mano en garra, y las jornadas de revisión son largas.
  • El trackball, si la muñeca ya avisa. Mueve la bola el pulgar o los dedos, y el antebrazo se queda quieto. Cuesta una semana acostumbrarse.
  • La rueda libre. Recorrer un manuscrito de trescientas páginas con una rueda que gira sin topes es otra cosa.
  • El peso. Ligero para mover mucho, con algo de cuerpo para precisión fina.

Cuándo conviene cambiar

La señal no es que el ratón vaya mal, sino que después de dos horas revisando notes la muñeca o el antebrazo. Si eso ya pasa, un trackball o un ratón vertical arreglan más que cualquier reposamuñecas.

Preguntas frecuentes

¿Merece la pena un trackball?

Si tienes molestias de muñeca, sí, porque el brazo deja de desplazarse. Si no tienes molestias, es una preferencia; hay quien no vuelve atrás y quien lo devuelve a la semana.

¿Necesito un ratón caro si solo escribo?

No. Para escribir, un ratón de veinte euros con buena forma hace el trabajo. El gasto se justifica si revisas mucho o si arrastras el brazo desde el hombro por culpa de una mesa mal puesta.