Destaca la crítica a la hipervisibilidad y al espejismo de la autoexplotación neoliberal, pero objeta el salto injustificado que supedita la salida del narcisismo a una conmoción apocalíptica.

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Reseña de The Agony of Eros, de Byung-Chul Han
Reseña de The Agony of Eros, de Byung-Chul Han. Temas debatidos, acuerdos y desacuerdos de Los críticos, con sus intervenciones.
18 intervenciones · 6 temas · 2026-10-11
Interesante con reservas
La tertulia valora la agudeza diagnóstica de Byung-Chul Han al desentrañar cómo la tiranía de la transparencia, la autoexplotación y la obsesión por el cálculo mercantil anulan la alteridad y secan el deseo erótico. Frente a enfoques que reducen el malestar al exceso de opciones, Han acierta al señalar el repliegue narcisista contemporáneo. No obstante, el ensayo tropieza gravemente en sus derivas propositivas: al oponer de modo excluyente el cuidado y la seguridad cotidiana al amor genuino, y al supeditar la ruptura del narcisismo a una catástrofe o sacrificio heroico de corte trágico, su andamiaje teórico deviene rígido e impracticable para pensar los vínculos afectivos en la vida real.
Valora la conexión entre depresión, rendimiento y atrofia del arrojo cívico, pero censura el aristocratismo de descalificar la mera supervivencia y la estabilidad material como cobardía.
Aprecia la distinción entre cálculo y negatividad de lo incalculable, pero cuestiona con firmeza que se exija una entrega trágica o heroica que invalide los pactos de cuidado cotidiano.
En lo que coinciden
- La crisis del amor contemporáneo no se debe principalmente a un exceso de opciones en el mercado afectivo, sino a la erosión narcisista de la alteridad radical y a la eliminación del misterio.
- La hipervisibilidad y la sobreexposición pornográfica anulan la distancia y la negatividad imprescindibles para sostener la fantasía y el deseo erótico.
- El intento de someter los vínculos a modelos calculables, transparentes y libres de riesgo traslada la lógica de la autoexplotación y el rendimiento a la intimidad, paralizando también la audacia cívica y política.
- La formulación de Han resulta fallida al exigir soluciones trágicas, heroicas o apocalípticas y al descalificar injustamente la búsqueda cotidiana de estabilidad y cuidado material como mera cobardía frente al amor.
Lo que sigue dividiendo la mesa
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Vittorio B. Intervención 1
El ensayo plantea que la verdadera agonía del amor procede de borrar al otro para no sufrir ninguna perturbación.
Byung-Chul Han arranca discutiendo las teorías sociológicas que achacan la crisis amorosa a tener demasiadas opciones en el mercado afectivo.
«No solo el exceso de oferta de otros otros conduce a la crisis del amor, sino también la erosión del otro» (Melancolía).
Han no se conforma con decir que elegimos mal por exceso de oferta. Su idea central es más radical: hemos sustituido la alteridad real por un circuito narcisista donde solo toleramos aquello que podemos consumir o controlar sin riesgo. El deseo se domestica convirtiéndolo en un producto positivo y transparente. Amar de verdad, en cambio, exige toparse con algo incalculable que no encaja en nuestra imagen ni se deja gestionar como un activo personal.
Dimitri Intervención 2
El ensayo acierta al vincular la incapacidad de amar con la depresión provocada por el rendimiento.
En el capítulo inicial, Han contrapone el impulso del amor con el derrumbe interior de quien vive volcado en sus propios logros.
«El Eros pone en marcha un voluntario desreconocimiento de sí mismo, un voluntario vaciamiento de sí mismo.» (Melancolía).
Han no se queda en una queja moral sobre el egoísmo moderno. Explica que el individuo actual busca éxito para que los demás le sirvan de espejo, pero ese circuito lo agota. La salida no es quererse mejor ni organizarse la agenda afectiva, sino aceptar una experiencia que rompe el control sobre uno mismo. El amor funciona como remedio porque introduce una debilidad que desarma la exigencia de rendir.
Jorge Intervención 3
El ensayo da un paso decisivo al desvincular el amor de cualquier lógica de posesión, control o rendimiento.
Han distingue la alteridad real del amor frente al narcisismo actual, donde las relaciones se reducen a transacciones cómodas.
«El no poder poder es su verbo modal negativo.» (No poder poder).
Han aclara que el verdadero encuentro amoroso empieza donde se acaba la capacidad de dominar. En nuestra vida cotidiana solemos medirlo todo según lo que podemos conseguir o gestionar, tratando a la pareja como un proyecto más. Sin embargo, el autor sostiene que el amor auténtico suspende por completo esa soberanía personal. Amar implica chocar con un límite insuperable: alguien a quien no podemos abarcar ni reducir a nuestra conveniencia. No se trata de una carencia personal, sino del único espacio donde el otro existe de verdad.
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Dimitri Intervención 4
Esa renuncia al poder que señala Jorge no se sostiene en el aire: Han demuestra que el porno destruye el deseo precisamente al eliminar la distancia.
En el capítulo dedicado a la pornografía, el ensayo analiza cómo la obsesión contemporánea por exhibir los cuerpos y hacerlo todo visible anula el secreto necesario para que exista una relación auténtica.
«la exposición aniquila precisamente toda posibilidad de comunicación erótica. Es obscena y pornográfica la cara desnuda, carente de misterio» (Porno).
Han no lanza una queja moral tradicional contra el erotismo. Su prueba concreta parte de señalar cómo la lógica de la exposición total cancela el enigma del otro. Al transformar los cuerpos en objetos perfectamente iluminados y disponibles para un consumo rápido, desaparece la tensión que alimenta el deseo. Creemos ganar intimidad al derribar todas las reservas, pero la absoluta transparencia nos deja sin nadie enfrente. Lo que queda no es un encuentro libre, sino la circulación plana de mercancías que confirma nuestro encierro.
Jorge Intervención 5
Esa pérdida del misterio tiene una causa previa muy concreta: hemos confundido eliminar la distancia con estar verdaderamente cerca del otro.
En el capítulo «No poder poder», el ensayo explica cómo el afán de control y la inmediatez en los medios actuales destruyen la comunicación entre las personas.
«En vez de cercanía surge una falta de distancia. La cercanía es una negatividad.» (No poder poder).
Han apoya su crítica en una distinción nítida: la cercanía auténtica no consiste en suprimir el espacio entre dos personas, sino en respetar que el otro guarda siempre un fondo inaccesible. Creer que lo tenemos a mano solo porque lo vemos en una pantalla o lo consumimos al instante no crea intimidad, sino que borra su presencia real.
Vittorio B. Intervención 6
El razonamiento de Han tropieza cuando equipara la disciplina laboral con el fracaso erótico sin demostrar cómo se conectan en la práctica cotidiana.
Al examinar por qué el amor moderno fracasa, el ensayo pasa de criticar el porno a revisar la figura clásica del trabajador dominado.
«Por eso, el esclavo, que se agarra a la mera vida y trabaja, no es capaz de ninguna» (La mera vida).
Jorge celebraba esa distinción entre distancia y cercanía, pero el armazón conceptual del libro se apoya en un salto dudoso: identificar al amante contemporáneo con el siervo que trabaja para no morir. Han toma la dialéctica de Hegel y decreta que, al obsesionarnos con la salud y la seguridad personal, nos volvemos incapaces de entregarnos al otro. La hipótesis es sugerente, pero confunde una disposición económica con la vida afectiva. Querer conservar el empleo o cuidarse físicamente no anula por sí solo la experiencia íntima, a menos que demos por buena la idea de que todo vínculo auténtico exige una pulsión de autodestrucción.
¿Qué explica de nuestro tiempo?
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Jorge Intervención 7
El ensayo explica con lucidez cómo la obsesión por medir datos y optimizar resultados vacía hoy la intimidad cotidiana.
Han sostiene que la sociedad contemporánea prefiere el cálculo numérico al pensamiento, sustituyendo la experiencia real por modelos predecibles.
«La negatividad de lo incalculable es inherente al pensamiento.» (El final de la teoría).
Víctor cuestionaba que el trabajo explique las carencias del amor, pero Han muestra un problema muy vivo: la mentalidad calculadora que hoy domina el empleo coloniza también los vínculos personales. Cuando todo se reduce a variables que deben encajar y prevenir disgustos, tratamos a las personas como perfiles optimizables. Sin embargo, el afecto real requiere admitir lo imprevisible; si pretendemos eliminar el riesgo antes de empezar, convertimos el encuentro en una simple gestión de intereses donde nadie llega a comprometerse.
Vittorio B. Intervención 8
Esa fascinación por el cálculo numérico explica también por qué la saturación de datos destruye la imaginación en lugar de enriquecerla.
Han discute con la sociología contemporánea y sostiene que el exceso de información visual y perfiles detallados paraliza la capacidad de fantasear con otra persona.
«La hipervisibilidad no es ventajosa para la imaginación. Así, el porno, que en cierto modo lleva al máximo la información visual, destruye la fantasía erótica.» (Fantasía).
Jorge tiene razón al advertir cómo el cálculo invade el afecto, pero el diagnóstico va más allá del miedo al riesgo: toca cómo procesamos lo real. Creemos que tener perfiles exhaustivos y fotos infinitas nos acerca a los demás, cuando en verdad anula el deseo al no dejar ningún hueco libre. Si todo está iluminado y clasificado de antemano, no hay misterio que descifrar ni distancia que recorrer. La experiencia amorosa se empantana porque ya no toleramos la falta de datos.
Dimitri Intervención 9
Esa atrofia del deseo no se limita a las parejas: vacía por completo la esfera pública.
En el capítulo dedicado a la dimensión política del amor, Han vincula el impulso erótico con el coraje cívico frente a la gestión técnica de la sociedad.
«En una sociedad del cansancio, con sujetos del rendimiento aislados en sí mismos, también se atrofia por completo la valentía.» (Política del Eros).
Víctor describe cómo la pantalla satura la fantasía, pero el problema colectivo es todavía más crudo. Han argumenta que la política actual renuncia a transformar nada porque ha desterrado el arrojo pasional en favor del puro trámite administrativo. La ira común exige toparse con un límite real y apostar por un cambio radical; si solo buscamos consumir sensaciones seguras y evitar cualquier sobresalto, nos quedamos en la queja tibia de redes sociales. Sin la conmoción del eros, no hay fuerza para imaginar un horizonte compartido.
¿Con quién dialogan estas ideas?
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Vittorio B. Intervención 10
El ensayo se desmarca de Michel Foucault al reprocharle que confundiera la libertad personal con la autoexplotación.
En el capítulo «No poder poder», el ensayo examina la idea de sujeto económico para aclarar cómo opera la dominación contemporánea.
«Foucault adopta un tono afirmativo frente al neoliberalismo. Acepta sin crítica que el régimen neoliberal, como «sistema del Estado mínimo»» (No poder poder).
Dimitri destacaba cómo el cansancio bloquea la acción común, pero esa parálisis tiene una raíz teórica que Han discute frente a la filosofía francesa. Mientras Foucault interpretaba que el emprendedor de sí mismo dejaba atrás la disciplina del Estado para gestionar su propia autonomía, Han sostiene que ese modelo oculta una trampa peor: nadie te impone trabajar desde fuera, sino que la obligación de rendir nace de ti mismo. Dialoga así con las teorías del biopoder para señalar que la verdadera sumisión actual no proviene del castigo, sino de creerse libre mientras uno se exprime sin descanso.
Dimitri Intervención 11
Han no se limita a discutir con Foucault, sino que enmienda directamente a la socióloga Eva Illouz.
Al arrancar el ensayo, Han revisa los análisis contemporáneos que achacan el declive afectivo al exceso de opciones y a la libertad de elección en el mercado amoroso.
«Eva Illouz, en su obra ¿Por qué duele el amor?, atribuye este enfriamiento a la racionalización del amor» (Melancolía).
Víctor explicaba cómo el libro cuestiona el modelo neoliberal de Foucault, pero el choque metodológico más claro se da con Eva Illouz. Mientras la sociología de Illouz sostiene que el amor sufre por culpa de la racionalización y la tecnología de las citas, Han responde que el daño real viene del narcisismo. Para él, el problema no es tener demasiadas personas entre las que elegir, sino la incapacidad de ver al otro como alguien distinto a uno mismo. No falta oferta, falta alteridad.
Jorge Intervención 12
Esa discusión con Illouz se entiende mejor al contrastarla con Martha Nussbaum y su defensa del amor como proyecto cívico.
En el capítulo final, Han recurre al filósofo Alain Badiou para defender que el amor no es un simple sentimiento privado, sino una fuerza que transforma la realidad.
«La esencia del acontecimiento es la negatividad de la ruptura, que da comienzo a algo del todo distinto.» (Política del Eros).
Han comparte con Martha Nussbaum la preocupación por el individualismo actual, pero discrepa de su solución. Mientras ella propone educar las emociones para apuntalar instituciones justas, Han rechaza domesticar el afecto en virtudes útiles. Para él, vincular el eros a la política solo tiene sentido si rompe por completo la rutina establecida. El amor no sirve para mejorar la convivencia diaria ni para estabilizar la sociedad; su valor radica precisamente en desarmar el ego del ciudadano prudente y obligarlo a rehacer su vida desde la perspectiva de otra persona.
Referencia: Martha C. Nussbaum — Emociones políticas.
¿Qué objeciones se sostienen?
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Dimitri Intervención 13
El punto débil de Han está en tachar de egoísmo patológico cualquier búsqueda de seguridad personal.
En el capítulo dedicado a la mera vida, Han sostiene que buscar salud y estabilidad convierte a las personas en esclavos incapaces de amar.
«El capitalismo absolutiza la mera vida. Su fin no es la vida buena.» (La mera vida).
Han comete un exceso al descalificar todo cuidado material como un vicio capitalista. Su razonamiento parte de una oposición tajante: o te arrojas a una entrega destructiva o eres un siervo que solo busca sobrevivir. Pero cuidar la salud o desear estabilidad económica no cancela por sí mismo el afecto hacia otra persona; a menudo es justo lo que permite sostenerlo en el tiempo sin que la vida se derrumbe en la precariedad.
Jorge Intervención 14
La objeción de Dimitri da en el clavo, pero el problema de fondo es que Han confunde la experiencia amorosa real con un sacrificio heroico.
Han recurre a la figura de Senta en la ópera de Wagner para ilustrar cómo el amor absoluto niega el cálculo económico mediante una entrega que roza la muerte.
«La muerte libre y amorosa de Senta está diametralmente opuesta a la economía capitalista de la producción y el rendimiento.» (La mera vida).
Han levanta su teoría sobre un listón casi inalcanzable. Para demostrar que el amor rompe con el rendimiento, recurre a figuras trágicas donde entregarse exige inmolarse. Al asociar el afecto auténtico con esa decisión extrema frente al tiempo, deja fuera la convivencia real. La vida compartida se construye casi siempre en el cuidado cotidiano, en pactos imperfectos y en la protección mutua ante la intemperie. Despachar esa búsqueda de amparo como cobardía del siervo deja su propuesta como un idealismo fascinante, pero inutilizable para quien vive fuera de la tragedia.
Vittorio B. Intervención 15
El ensayo comete un salto injustificado al exigir un cataclismo para que alguien pueda salir del encierro en sí mismo.
En el capítulo sobre la melancolía, Han recurre al cine para defender que solo una sacudida extrema rompe el narcisismo.
«hoy solo un apocalipsis puede liberarnos, es más, redimirnos, del infierno de lo igual hacia el otro.» (Melancolía).
Jorge objeta con acierto la exigencia trágica de Han, y ese problema nace de una premisa desmedida: asegurar que la atención a otra persona solo despierta mediante un derrumbe traumático. La película de Lars von Trier le sirve para plantear que únicamente la amenaza del fin del mundo cura la parálisis interior. Plantear la experiencia amorosa bajo la sombra de la aniquilación resulta sugerente en el plano poético, pero estrecha el problema de forma artificial. El encuentro con quien piensa o siente distinto ocurre casi siempre en situaciones comunes, mediante la conversación o la convivencia diaria, sin necesidad de esperar a que la propia vida salte por los aires.
Balance de la lectura
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Jorge Intervención 16
El ensayo ofrece un diagnóstico certero sobre cómo el cálculo y la transparencia dañan los vínculos personales, pero su insistencia en salidas trágicas estrecha innecesariamente su alcance.
Byung-Chul Han examina en su obra cómo el narcisismo contemporáneo y la mercantilización erosionan el amor y la alteridad.
Han acierta de lleno al explicar que reducir la intimidad a perfiles optimizados destruye el deseo y la imaginación. Su diálogo crítico frente a Foucault y Eva Illouz aporta distinciones conceptuales valiosas para entender por qué la autoexplotación y la pérdida de alteridad paralizan tanto la vida privada como la esfera política.
Sin embargo, las objeciones que hemos señalado se sostienen: al oponer de forma tajante el cuidado material al amor, y al supeditar el afecto genuino al autosacrificio heroico o a sacudidas extremas, Han deja fuera la convivencia real. Su propuesta es brillante en la denuncia, pero excesivamente rígida en sus conclusiones.
Vittorio B. Intervención 17
El ensayo acierta en ver que la sobredosis de datos mata el misterio, pero tropieza al exigir un sacrificio extremo para revivirlo.
Byung-Chul Han plantea que la mercantilización y la transparencia destruyen la distancia necesaria para desear a otra persona.
Han clava el aguijón donde más duele: explica de maravilla cómo la obsesión moderna por calcularlo todo y convertir la intimidad en un escaparate sin sombras termina por secar el deseo. Mostró con solidez que el problema cívico y afectivo no es la abundancia de opciones, sino nuestro propio encierro narcisista. Sin embargo, su salida teórica derrapa al ponerse apocalíptica. Oponer la supervivencia elemental a la entrega absoluta y despreciar el amparo cotidiano como si fuera cobardía deja su planteamiento en un callejón sin salida. Es un libro brillante para entender por qué nos aburrimos en las pantallas, pero demasiado severo para ayudarnos a convivir fuera de ellas.
Dimitri Intervención 18
El valor del libro está en desvelar que el narcisismo digital no nace de amarse mucho, sino de no tolerar a nadie distinto.
Byung-Chul Han aborda cómo el régimen del rendimiento transforma la vida afectiva y el pensamiento en mercancía transparente.
Coincido con el balance de Víctor y Jorge. El gran mérito de Han es demostrar que la cultura de la transparencia y los datos no nos hace más libres, sino más ciegos: al eliminar el misterio, convertimos a las personas en cosas manejables y matamos la imaginación. Su discusión teórica contra la idea ingenua de que acumular opciones equivale a libertad afectiva es impecable.
Sin embargo, el ensayo comete un error de bulto al plantear que la única alternativa válida al cálculo es una tragedia apocalíptica. Oponer la supervivencia y los cuidados elementales al amor verdadero como si buscar seguridad fuera cobardía deja su propuesta en un aristocratismo poco convincente. Es un texto estimulante, muy lúcido al radiografiar nuestra impotencia contemporánea, pero su salida filosófica resulta impracticable fuera del drama teatral.