Portada de Suicidios ejemplares

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Reseña de Suicidios ejemplares, de Enrique Vila-Matas

Reseña de Suicidios ejemplares, de Enrique Vila-Matas. Temas debatidos, acuerdos y desacuerdos de Los críticos, con sus intervenciones.

30 intervenciones · 6 temas · 2026-10-22

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7,0/ 10
Veredicto de la mesa

Notable

Suicidios ejemplares se afirma como un notable conjunto construido por afinidad temática y no como una arquitectura orgánica rígida. El volumen funciona a modo de catálogo de variaciones sobre la renuncia voluntaria y la impostura, donde los personajes recurren al disparate para esquivar el tedio cotidiano. Destaca por su agilidad verbal y la eficacia paródica de piezas como «El arte de desaparecer» o «Un invento muy práctico», emparentadas con el humor absurdo de Pere Calders. Sin embargo, su alcance queda delimitado por la reiteración del mismo truco de fuga, que fatiga en una lectura continuada y elude el drama humano profundo. Es un libro para lectores afines al artificio intelectual.

Vittorio B.7,0

Valora el ritmo impecable de la farsa y la prosa afilada frente al tedio en piezas como «El arte de desaparecer», aunque advierte que reiterar la misma evasión teatral desgasta el conjunto.

Dimitri7,0

Aprecia la mordacidad burlesca y la agilidad verbal al plantear la renuncia, pero señala que resolver los relatos con idéntico chiste de fuga limita el impacto emocional.

Jorge7,0

Destaca la lucidez del humor absurdo y el anclaje en el desengaño doméstico de relatos como «Rosa Schwarzer vuelve a la vida», con reservas por la monotonía de las máscaras.

En lo que coinciden

  • El libro se vertebra por afinidad temática como un catálogo de variaciones sobre la renuncia y no como una estructura novelesca u orgánica.
  • El conjunto dialoga formalmente con la tradición del humor absurdo de Pere Calders al emplear una lógica estricta y disparatada ante el fastidio ordinario.
  • La obra está orientada a un lector cómplice con el artificio intelectual y el distanciamiento paródico, lejos del drama psicológico convencional.
  • La insistencia en el mismo recurso de fuga teatral y evasión acaba provocando cierta fatiga y limita el alcance global del volumen.

Lo que sigue dividiendo la mesa

  • Dimitri y Víctor ven en la fuga de Anatol en «El arte de desaparecer» una agresión calculada contra su entorno, mientras Jorge la considera un mero juego egoísta para preservar su intimidad.
  • Dimitri y Víctor sostienen que «Las noches del Iris Negro» alcanza una gravedad lírica y fascinación fúnebre genuina, frente a Jorge, que lo reduce a un decorado estético para consolar frustraciones personales.
01 · 5 intervenciones

¿Funciona el relato que representa el libro?

Punto abiertoEl relato funciona gracias al juego irónico entre la vanidad del creador y su deseo de anonimato.
  • Vittorio B. · A favor

    El cuento equilibra con gracia la burla sobre los egos literarios y el ritmo de una pequeña farsa bien resuelta.

Mayoría · no unanimidadEl relato funciona al transformar la farsa del anonimato en una calculada venganza contra su entorno.
  • Dimitri · A favor

    El desenlace confirma que el desquite contra el entorno y el artificio privado son dos caras de una misma farsa impecablemente resuelta.

  • Jorge · En contra

    No estoy de acuerdo: la fuga de Anatol no es una venganza destructiva, sino un juego egoísta para preservar su artificio privado.

  • Vittorio B. · A favor

    El relato funciona porque la pose artística y la pulla contra la comunidad van juntas de principio a fin.

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Vittorio B. Intervención 1

En «El arte de desaparecer», la tensión no nace de un misterio exterior sino del choque cómico entre la vanidad del protagonista y su manía de esconderse.

Anatol, un profesor recién jubilado en la isla de Umbertha, lleva cuatro décadas fingiendo acento extranjero para que nadie descubra que escribe en secreto novelas sobre funambulismo.

«Se dijo a sí mismo que era incapaz de escribir mal y traicionarse» (EL ARTE DE DESAPARECER).

La pieza funciona gracias a ese arranque tan limpio. Anatol se cree un eremita radical, pero basta que sus colegas le aplaudan en el instituto para que admita que le encanta figurar. El encargo de una modesta introducción deportiva desencadena la trampa: su orgullo de estilista le impide escribir mal adrede y lo delata ante el editor local. La ironía sostiene todo el enredo sin solemnidad. Su límite está en el tramo final, donde los diálogos se vuelven algo discursivos al debatir sobre la figura del autor, aunque el desenlace recupera la ligereza con una fuga que bordea el disparate.

El cuento equilibra con gracia la burla sobre los egos literarios y el ritmo de una pequeña farsa bien resuelta.

Dimitri Intervención 2

Esa vanidad cómica que señala Víctor funciona porque en realidad esconde una agresión feroz contra su comunidad.

En «El arte de desaparecer», Anatol huye en barco tras entregar sus manuscritos al editor Hvulac, abandonando a su familia y su vida tranquila en Umbertha.

«Y que os sea leve, porque os dejo seis perfectas bombas de relojería.» (EL ARTE DE DESAPARECER).

El arranque parece un simple juego de timidez y disfraces, pero el relato gana peso cuando la fuga deja de ser una payasada y revela su fondo destructivo. Anatol no solo escapa para no lidiar con las entrevistas; entrega sus libros como quien suelta una plaga sobre vecinos a los que detesta en secreto. Su renuncia al éxito es un acto de soberbia absoluta que convierte la comedia de enredo en una venganza calculada.

Comparto que la pieza funciona, pero amplío el análisis mostrando que el humor cómico oculta una hostilidad muy bien construida.

Jorge Intervención 3

Dimitri ve rencor y desquite en la huida de Anatol, pero el texto muestra que su fuga responde a un simple capricho íntimo.

En «El arte de desaparecer», Anatol, un maestro retirado que fingió acento forastero durante cuatro décadas, abandona su hogar rumbo a Europa tras entregar sus escritos.

«en lo que yo escribo sospecho que no hay más que una ceremonia íntima y egoísta» (EL ARTE DE DESAPARECER).

Llamarlo venganza calculada es inflar el gesto. La hostilidad hacia la isla es solo la justificación literaria con la que Anatol maquilla su juego privado. Lo que mueve la pieza no es destruir a la comunidad, sino el placer de representar un papel secreto hasta el final. No huye porque odie a los suyos, sino porque no tolera verse convertido en una figura pública de carne y hueso. La broma final con el billete a nombre de Don Nadie subraya esa ligereza: el personaje prefiere inventarse una despedida novelesca antes que asumir la vida común.

No estoy de acuerdo: la fuga de Anatol no es una venganza destructiva, sino un juego egoísta para preservar su artificio privado.

Vittorio B. Intervención 4

La teatralidad que defiende Jorge convive sin problemas con el desquite que señala Dimitri.

En «El arte de desaparecer», Anatol finge ir a comprar tabaco y se fuga en barco tras entregar sus manuscritos al editor Hvulac.

«Por un momento fue como si Anatol hubiera previsto desde hacía ya mucho tiempo que Hvulac le hablaría de esa forma […]» (EL ARTE DE DESAPARECER).

El placer de actuar como un fugitivo novelesco no cancela el rencor contra Umbertha; lo envuelve. Anatol prepara su salida como una función privada donde él se reserva la última carcajada mientras suelta libros que sabe que incomodarán a sus vecinos. El artificio egoísta y el desquite social se necesitan: sin ese público insular al que desairar, la desaparición del autor se quedaría en mero trámite burocrático.

El relato funciona porque la pose artística y la pulla contra la comunidad van juntas de principio a fin.

Dimitri Intervención 5

Esa mueca final con las cinco haches aspiradas en alta mar remata con brillantez el cuento: la farsa ya no le sirve para protegerse, pero la conserva como un vicio.

En «El arte de desaparecer», Anatol navega ya lejos de Umbertha tras soltar sus novelas al editor local y abandonar a los suyos bajo una falsa identidad.

El gesto condensa el alcance exacto de la pieza. Jorge temía que ver una agresión arruinara la ligereza del cuento, pero la gracia reside en que Anatol no es un héroe trágico ni un simple bromista: es un farsante que ha hecho de su impostura una segunda piel. Al insultar al aire con su acento postizo cuando ya nadie le vigila, el relato clausura su arco con enorme puntería. Toda su guerra contra la isla no era un combate moral sino una manía estilística llevada hasta el delirio. Funciona como mecanismo narrativo porque ata la vanidad íntima y el desprecio social en un solo ademán ridículo, dejándonos una pieza redonda sobre el ridículo de tomarse la propia sombra demasiado en serio.

El desenlace confirma que el desquite contra el entorno y el artificio privado son dos caras de una misma farsa impecablemente resuelta.

02 · 5 intervenciones

¿Qué hace distinto el relato de contraste?

Mayoría · no unanimidadEl relato de contraste sustituye la farsa cómica por una melancolía que aborda el suicidio como una serenidad ritual.
  • Dimitri · A favor

    El cuento confirma que la pose estética se transforma en una fascinación fúnebre genuina, lejos de la comedia insular.

  • Jorge · En contra

    La supuesta solemnidad fúnebre sigue siendo un decorado literario para aliviar las frustraciones personales del protagonista.

  • Vittorio B. · A favor

    El cuento desplaza el artificio humorístico hacia una fascinación fúnebre donde la máscara literaria acaba asumida con gravedad íntima.

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Dimitri Intervención 6

Frente a la fuga burlona de Anatol, «Las noches del Iris Negro» cambia la farsa por un pacto trágico donde morir se vuelve un ritual solemne y compartido.

Un exfutbolista recién retirado acompaña a Port del Vent a Victoria, una joven desahuciada que busca el rastro y la sepultura de su padre recién fallecido.

«Lo que hace soportable la vida es la idea de que podemos elegir cuándo escapar» (LAS NOCHES DEL IRIS NEGRO).

El contraste con «El arte de desaparecer» salta a la vista en la voz y el tono. Aquel cuento se movía como una comedia ligera sobre un vanidoso que huía en barco para burlarse de sus vecinos; este otro adopta una primera persona confesional y melancólica. Aquí el protagonista no huye de la mirada ajena: busca contagiarse de un destino fatal junto al mar. Al descubrir que el padre de la chica perteneció a una cofradía secreta de suicidas que brindaban con aguardiente antes de matarse, el narrador no siente espanto ni ironía, sino fascinación. El texto funciona por sí mismo porque construye una atmósfera de serenidad clásica donde la muerte voluntaria deja de ser una patología y se convierte en un refugio estético. Revela que el libro no se agota en la parodia literaria, sino que sabe tratar el impulso destructivo con una gravedad hipnótica.

El relato de contraste amplía el registro del volumen al tratar el deseo de muerte con una gravedad lírica ausente en la farsa de Anatol.

Jorge Intervención 7

Esa supuesta gravedad no anula el artificio cómico, porque el narrador convierte una tragedia real en una pose novelesca.

En «Las noches del Iris Negro», un futbolista retirado acompaña a Victoria, desahuciada por un tumor, al pueblo donde su padre se quitó la vida junto a una cofradía de suicidas.

«—Entre tú y yo —he añadido—. O mejor dicho, un secreto entre los tres, entre Uli, tú y yo. La Sociedad del Iris Negro revive […]» (LAS NOCHES DEL IRIS NEGRO).

No veo aquí un cambio radical de pacto frente a «El arte de desaparecer». Aunque Victoria enfrente una muerte cierta, el protagonista no la mira con compasión honda, sino como un decorado estético que le permite escapar de su aburrimiento burgués. Dimitri señala que la pieza gana peso solemne, pero el exfutbolista actúa con la misma vanidad que Anatol: se inventa un personaje trágico y juega a refundar una sociedad secreta con un par de viejos desquiciados. La muerte voluntaria no se explora como dolor o desgarro, sino como una contraseña de club privado. El contraste amplía el tono lírico y marítimo, pero confirma que el libro trata la desaparición como una comedia de máscaras elegantes.

No estoy de acuerdo: la solemnidad es solo otra máscara estética que el narrador adopta para fingir un destino heroico.

Vittorio B. Intervención 8

Esa pose novelesca no invalida el giro tonal; la farsa aquí se desmorona porque el juego estético termina devorado por una fascinación fúnebre muy real.

En «Las noches del Iris Negro», el exfutbolista retirado camina de noche por la playa bajo la lluvia junto a Victoria, sabiendo que a ella le quedan meses de vida y fascinado por el rastro de la cofradía suicida.

«hemos llenado sus vacíos con nuestra propia sustancia, y hemos pasado a ser ellos.» (LAS NOCHES DEL IRIS NEGRO).

Jorge tiene razón al ver que el protagonista actúa como un dandi que busca consuelo a su tedio, pero la diferencia con Anatol es tajante: en Umbertha la impostura sirve para reírse de los vecinos y escapar ileso en barco, mientras que en Port del Vent el narrador usa la pose para rendirse voluntariamente a la sombra ajena. El desenlace no lo devuelve a la comedia ni al disparate, sino a una entrega contemplativa donde la ficción del club secreto deja de ser un juego de salón y se transforma en un impulso mortuorio compartido junto al oleaje.

El cuento desplaza el artificio humorístico hacia una fascinación fúnebre donde la máscara literaria acaba asumida con gravedad íntima.

Dimitri Intervención 9

Esa atracción fúnebre funciona porque abandona la pulla contra los vivos y abraza la solemnidad como un refugio.

En «Las noches del Iris Negro», el exfutbolista retirado acompaña bajo la lluvia a Victoria, desahuciada por un tumor, tras recorrer el cementerio marino de Port del Vent.

Víctor acierta al marcar el salto frente a Anatol: en «El arte de desaparecer» la farsa servía para lanzar un dardo a los vecinos y largarse en barco, mientras que aquí la ceremonia mortuoria no busca espectadores ni venganzas. Al asumir el legado de los suicidas locales, el narrador no parodia el dolor ajeno sino que busca cobijo frente al desmoronamiento de su propia vida. Ese cambio de tono le da aire al libro, porque demuestra que la tentación del vacío no es solo materia de chiste literario, sino una rendición contemplativa con entidad propia.

El cuento confirma que la pose estética se transforma en una fascinación fúnebre genuina, lejos de la comedia insular.

Jorge Intervención 10

El narrador de «Las noches del Iris Negro» no busca morir, sino inventarse un papel trágico para olvidar sus propios fracasos.

Un futbolista recién retirado viaja a Port del Vent con Victoria, enferma desahuciada, buscando el rastro de una antigua cofradía suicida.

«podía ayudarme a olvidar por unos días algunos de mis problemas (separación de Marta, mala marcha del negocio, retirada infeliz del fútbol)» (LAS NOCHES DEL IRIS NEGRO).

Dimitri y Víctor ven en este paseo bajo la lluvia una entrega fatal auténtica, pero el propio protagonista confiesa desde el inicio que se acerca a Victoria para escapar del divorcio, los malos negocios y su retiro cojo del fútbol. No hay una verdadera pulsión de muerte, sino un ejercicio de vanidad: refundar una sociedad extinta le permite sentirse protagonista de una historia heroica. Al caminar por la playa y afirmar que llenan el vacío de los muertos, el narrador estiliza el final inminente de la chica para darse importancia. El relato de contraste cambia el registro cómico de Umbertha por una melancolía marina, pero mantiene la misma idea de fondo: el artificio y la literatura como refugios para huir de una realidad mediocre.

La supuesta solemnidad fúnebre sigue siendo un decorado literario para aliviar las frustraciones personales del protagonista.

03 · 5 intervenciones

¿Es un libro o una recopilación?

Acuerdo unánimeEl libro se sostiene por afinidad temática al retratar el suicidio como una pose teatral, no por una estructura orgánica rígida.
  • Jorge · A favor

    El conjunto se sostiene por afinidad temática porque cada cuento adopta un registro libre y autónomo sobre la tentación de desaparecer.

  • Vittorio B. · A favor

    El volumen no necesita un argumento continuo: se sostiene con firmeza gracias a un catálogo variado sobre la renuncia voluntaria.

  • Dimitri · A favor

    El conjunto responde a una clara afinidad temática diseñada como un catálogo de renuncias donde cada relato explora una máscara distinta ante la muerte.

Leer la conversación de este tema

Jorge Intervención 11

El volumen funciona por afinidad temática y no como una arquitectura orgánica donde el orden de las piezas resulte intocable.

En «Los amores que duran toda una vida», Ana María le cuenta a su abuela el viaje a Cerler donde Fernando se pegó un tiro tras fingir vergüenza patriótica.

«disfrazó de protesta lo que no ha sido más que un acto de pasión.» (LOS AMORES QUE DURAN TODA UNA VIDA).

Si alteramos el orden de los cuentos, el libro no se cae. No hay una trama que avance ni una evolución de conjunto, sino variaciones sobre un mismo asunto: usar la muerte voluntaria o la desaparición como un disfraz para esquivar la vida corriente. En «El arte de desaparecer», Anatol finge para no ser un autor público; en «Las noches del Iris Negro», el exfutbolista busca un club secreto para tapar su divorcio; y en «Los amores que duran toda una vida», Fernando redacta una nota absurda sobre la culpa histórica para ocultar un despecho sentimental corriente. Lo que une al libro es esa mirada socarrona sobre el suicidio como pose teatral. Por eso es una notable reunión de piezas afines, no una novela encubierta.

El conjunto se articula como una colección de variaciones temáticas independientes y perfectamente intercambiables sobre la impostura de la muerte.

Vittorio B. Intervención 12

Esa afinidad temática no es casual ni dispersa, sino una búsqueda calculada de variaciones formales sobre el abandono voluntario.

En «Muerte por saudade», el narrador recorre Lisboa evocando a una familia repleta de suicidas célebres para decidir finalmente sentarse a esperar la muerte sin arrojarse.

«Pero no saltaré al vacío, amigo Horacio. Dejaré que me invada toda esa tendencia a recuperar la infancia» (MUERTE POR SAUDADE).

Jorge tiene razón en que no estamos ante una novela con trama continua, pero llamarlo simple recopilación rebaja el empeño del libro. No son cuentos sueltos reunidos al azar. El volumen ensaya de forma metódica distintas maneras de esquivar la vida corriente mediante la ficción y el retiro. En «El arte de desaparecer», Anatol finge un acento extranjero para esfumarse en barco; en «Las noches del Iris Negro», la muerte se estiliza como una cofradía filosófica; y en «Muerte por saudade», el protagonista sustituye el salto al vacío por una quietud contemplativa. Cambiar el orden de los relatos no destruiría el sentido de cada pieza, pero sí diluiría esa progresión moral que anuncia el prólogo, donde cada historia agota una manera distinta de despedirse del mundo.

Comparto que no hay una trama orgánica única, pero esa afinidad temática responde a un mapa deliberado de variaciones sobre la renuncia.

Dimitri Intervención 13

El prólogo avisa que esto es un mapa secreto de opciones de muerte y «En busca de la pareja eléctrica» confirma que los cuentos dialogan como piezas de un mismo inventario.

En «En busca de la pareja eléctrica», Mempo Lesmes, un actor famoso retirado en una villa en ruinas, conversa de noche con el fantasma del barón de Mulder para suicidarse juntos.

«La estricnina con la que daré ese último paso fundamental que habrá de permitirme fundar una pareja artística de alto voltaje» (EN BUSCA DE LA PAREJA ELÉCTRICA).

No estamos ante una simple colección de estampas sueltas ni ante una novela camuflada, sino ante un catálogo deliberado. El prólogo fijaba la regla de agotar las formas de despedirse del mundo. En «Muerte por saudade» el personaje elige la quietud en una silla; en «El arte de desaparecer» finge un exilio cómico, y aquí el protagonista planea tomar veneno para montar un espectáculo en el más allá. Si alteras el orden o quitas una pieza no se rompe un argumento, pero sí se mutila la variedad de ese muestrario sobre cómo inventarse una muerte digna o grotesca para burlar el tedio.

El conjunto responde a una clara afinidad temática diseñada como un catálogo de renuncias donde cada relato explora una máscara distinta ante la muerte.

Jorge Intervención 14

Esa idea del catálogo deliberado se tambalea si miramos cómo se cuenta cada abandono.

En «Rosa Schwarzer vuelve a la vida», la vigilante de un museo de Düsseldorf cumple cincuenta años y siente el impulso de matarse ante los desplantes de su familia y la llamada misteriosa de un cuadro de Klee.

«en su desesperado intento por apartar el influjo del príncipe y la tentadora propuesta de abandonar el museo y la vida» (ROSA SCHWARZER VUELVE A LA VIDA).

En «Rosa Schwarzer vuelve a la vida», la tentación suicida surge de una tristeza gris y cotidiana. Rosa prepara el desayuno para su marido y sus hijos, ve una botella de lejía y escucha una llamada en la sala de pintura. No hay aquí ningún guiño cómplice con la literatura ni una burla sobre la gloria personal, como sí ocurre con Anatol o con Mempo Lesmes. La pieza funciona por sí misma con una voz distinta, en tercera persona, pegada al desengaño doméstico. Dimitri defiende que todas las piezas responden a un plan premeditado para inventariar renuncias, pero la variedad estilística es tan grande que el volumen no se comporta como un mecanismo cerrado. Las historias comparten un asunto central, pero cada una respira con total autonomía y un tono propio.

El conjunto se sostiene por afinidad temática porque cada cuento adopta un registro libre y autónomo sobre la tentación de desaparecer.

Vittorio B. Intervención 15

Esa supuesta distancia formal de Rosa confirma la misma obsesión por escapar del mundo inventándose otra realidad.

Rosa Schwarzer trabaja de vigilante en un museo de Düsseldorf y siente que un cuadro de Klee la llama para abandonar su triste rutina doméstica.

«le envía el arrogante sonido del tam-tam de su país, el país de los suicidas.» (ROSA SCHWARZER VUELVE A LA VIDA).

Jorge cree que el tono apagado de Rosa Schwarzer la aleja del resto, pero el fondo es idéntico. En «Rosa Schwarzer vuelve a la vida», la mujer prepara el desayuno para su familia, que pasa de ella, mira la botella de lejía y prefiere fugarse dentro de un cuadro antes que soportar su cocina. El libro no busca encadenar capítulos de una novela; funciona como un muestrario de personajes que recurren a la fantasía para huir del tedio. Anatol se inventa un acento extranjero, Mempo busca veneno para actuar con un fantasma y Rosa escucha tambores en una pintura. Si cambias el orden de los cuentos el libro no se cae, porque lo sostiene esa afinidad de fondo: la fuga voluntaria como única salida frente a una vida gris.

El volumen no necesita un argumento continuo: se sostiene con firmeza gracias a un catálogo variado sobre la renuncia voluntaria.

04 · 5 intervenciones

¿Con qué otros libros de relatos dialoga?

Acuerdo unánimeEl volumen dialoga con la tradición del humor absurdo al usar la impostura lógica como defensa frente a la vida corriente.
  • Vittorio B. · A favor

    Comparto el vínculo con Calders porque ambos recurren a una lógica administrativa y estricta frente al disparate cotidiano, aunque aquí pese más el cansancio íntimo.

  • Dimitri · A favor

    Comparto el diálogo formal con Calders, pero recalco que aquí el cálculo absurdo no busca la ternura civil, sino sellar una huida amarga.

  • Jorge · A favor

    Comparto el vínculo con el humor absurdo porque el disparate funciona como una salida lúcida ante la violencia sorda de la convivencia ordinaria.

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Vittorio B. Intervención 16

Esa tentación de fingirse loco para observar el mundo emparenta directamente este libro con los juegos teatrales de Pere Calders en Ruleta rusa y otros cuentos.

En «Un invento muy práctico», una anciana harta del ruido de sus vecinos decide ingresar voluntariamente en un manicomio y engaña al psiquiatra para buscar a una amiga.

«De modo que opté por una fórmula intermedia, es decir, comportarme como una mujer sensata que, a veces y como todo el mundo, se extraviaba.» (UN INVENTO MUY PRÁCTICO).

Ruleta rusa y otros cuentos reúne ficciones breves donde la rutina se quiebra mediante soluciones absurdas que los personajes adoptan con absoluta naturalidad. La semejanza salta a la vista en la estrategia: en ambos libros los protagonistas usan la excentricidad o el disparate como un trámite práctico para sortear una realidad fastidiosa. Sin embargo, la diferencia de tono marca dos caminos opuestos. Mientras Calders utiliza el enredo fantástico como una viñeta limpia de humor blanco y desconcierto cívico, aquí el fingimiento arrastra un poso sombrío de desgaste vital, donde la máscara cómica apenas disimula el hastío de una mujer que confiesa haber perdido la vida por delicadeza.

El relato comparte con Calders la estrategia de refugiarse en el disparate cotidiano, pero añade una melancolía corrosiva propia de quien huye del tedio.

Referencia: Pere Calders — Ruleta rusa y otros cuentos.

Dimitri Intervención 17

El truco de internarse en un manicomio para espiar el mundo no viene de la fantasía limpia de Calders, sino de una sátira amarga sobre la cobardía.

En «Un invento muy práctico», una anciana confiesa por carta que se tiró por la ventana huyendo del ruido de sus vecinos y que luego fingió locura para recluirse en un psiquiátrico.

«una mujer que pasa revista a su vida y descubre, no sin cierta melancolía, que la ha perdido por delicadeza» (UN INVENTO MUY PRÁCTICO).

Víctor compara esta treta con los giros de Pere Calders en Ruleta rusa y otros cuentos, pero pasa por alto la ponzoña del personaje. En Calders el absurdo sirve para convivir con lo insólito sin aspavientos; aquí la protagonista no busca un juego inocente, sino castigar su propio fracaso. Reconoce que se casó y tuvo un hijo solo por no discutir, y ahora se esconde en una clínica para no soportar a la gente común. El enredo cómico frente al psiquiatra no busca la ternura civil de Calders, sino levantar una trinchera ridícula contra el tedio cotidiano. El recurso formal es parecido, pero el trasfondo moral es de pura farsa desencantada.

Comparto el diálogo con el humor absurdo de Calders, pero la diferencia radica en que aquí el disparate encubre una renuncia amarga y cobarde a la vida social.

Referencia: Pere Calders — Ruleta rusa y otros cuentos.

Jorge Intervención 18

Esa trinchera ridícula no es simple cobardía, sino una estrategia cómica que retrata el horror a la convivencia.

En «Un invento muy práctico», una mujer mayor escribe a una amiga para relatarle cómo los ruidos de sus vecinos la empujaron a lanzarse por una ventana y a urdir su propio encierro.

«Todo eso fue sumiéndome en una especie de desesperación maniática que me llevó a intentar catalogar las diferentes modalidades de ruidos de los vecinos.» (UN INVENTO MUY PRÁCTICO).

Dimitri juzga a la narradora con demasiada severidad al tachar su encierro de pura mezquindad amarga. La fuerza del relato no radica en dictar una condena moral sobre su debilidad, sino en la exactitud con la que describe ese martirio cotidiano. La farsa cómica de arrojarse desde un primer piso por miedo a las alturas y el catálogo minucioso de golpes, peleas y gritos en el descansillo convierten el roce diario con los demás en un disparate insoportable. Al igual que en los cuentos de Pere Calders, donde un individuo común adopta una solución absurda para no perder la compostura, aquí la protagonista prefiere internarse en un psiquiátrico antes que soportar el escándalo de la escalera. La diferencia estriba en que este cuento muestra el desgaste de quien ha callado setenta años por pura educación.

Comparto el vínculo con el humor absurdo porque el disparate funciona como una salida lúcida ante la violencia sorda de la convivencia ordinaria.

Referencia: Pere Calders — Ruleta rusa y otros cuentos.

Vittorio B. Intervención 19

Esa salida disparatada no anula el parecido: ambos autores usan la lógica burocrática del absurdo frente al fastidio diario.

En «Un invento muy práctico», una anciana harta de las disputas de su descansillo finge demencia para conseguir una plaza en un psiquiátrico.

Jorge explica bien la raíz del conflicto: no hay simple debilidad moral, sino una defensa cómica contra la agresión de la vida vecinal. Para quien no conozca Ruleta rusa y otros cuentos de Pere Calders, se trata de una colección de relatos donde personas comunes aplican una sensatez impecable y casi administrativa a sucesos disparatados para no perder la compostura urbana. La coincidencia técnica con este libro es exacta: los protagonistas no gritan ni montan un drama, sino que redactan clasificaciones, idean trámites y organizan su huida con frialdad de contables, como hace la protagonista al medir la caída por la ventana piso a piso. La frontera que los separa, en cambio, está en la sombra que proyecta cada libro. En Calders el disparate preserva una ironía cívica y luminosa frente a lo extraordinario, mientras que en este volumen el artificio se vuelve un refugio desesperado para personajes que se saben derrotados por el cansancio.

Comparto el vínculo con Calders porque ambos recurren a una lógica administrativa y estricta frente al disparate cotidiano, aunque aquí pese más el cansancio íntimo.

Referencia: Pere Calders — Ruleta rusa y otros cuentos.

Dimitri Intervención 20

Esa precisión casi matemática para ordenar el absurdo funciona en Calders como una travesura amable, pero aquí sostiene una trampa psicológica mucho más áspera.

En «Un invento muy práctico», una mujer mayor harta de los ruidos del vecindario urde una farsa ante el psiquiatra para que la dejen recluida en un sanatorio.

Víctor apunta con acierto el mecanismo: ambos autores usan una meticulosidad casi contable para manejar el disparate sin perder la compostura. En Ruleta rusa y otros cuentos de Pere Calders, esa lógica burocrática desarma los conflictos con humor blanco y un fondo de confianza cívica; los personajes aceptan lo increíble con una sonrisa limpia. Aquí, en cambio, la clasificación maniática de los golpes de los vecinos y el cálculo para tirarse por la ventana encubren un agotamiento salvaje. La mujer no juega a la fantasía para convivir mejor, sino que utiliza esa fachada fría para escapar del asco que le produce el resto del mundo. La técnica es afín, pero el objetivo es demoledor: esconder la derrota.

Comparto el diálogo formal con Calders, pero recalco que aquí el cálculo absurdo no busca la ternura civil, sino sellar una huida amarga.

Referencia: Pere Calders — Ruleta rusa y otros cuentos.

05 · 5 intervenciones

¿Para quién es este libro?

Acuerdo unánimeEl libro exige un lector afín al artificio intelectual y al humor absurdo frente a la convención realista.
  • Dimitri · A favor

    Comparto la puerta de entrada disparatada, recordando que el lector ideal también debe apreciar la meditación irónica sobre el retiro.

  • Jorge · A favor

    Coincido en que la obra exige complicidad con el artificio intelectual, aunque conviene arrancar por el desengaño cotidiano de Rosa para no perder el anclaje humano.

  • Vittorio B. · A favor

    Comparto el perfil del lector porque la obra solo funciona si se acepta la farsa extravagante como juego intelectual sin esperar verosimilitud dramática.

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Dimitri Intervención 21

Este libro no sirve para quien busque tramas realistas con desenlaces morales o psicológicos cerrados.

En el prólogo «Viajar, perder países», el narrador define el sentido del volumen al invitar al lector a seguir una cartografía libre de renuncias y desapariciones voluntarias.

«intentar orientarme en el laberinto del suicidio a base de marcar el itinerario de mi propio mapa secreto y literario» (VIAJAR, PERDER PAÍSES).

Quien espere un drama sombrío sobre el dolor real o una intriga convencional saldrá escaldado. El libro está hecho para lectores que disfruten de la farsa intelectual y el artificio lúdico. Como se avisa desde el inicio, cada relato plantea una fuga absurda donde los personajes prefieren borrarse antes que tolerar la vulgaridad cotidiana. Los textos son piezas de extensión media, escritas con ligereza verbal y un humor corrosivo que convierte la muerte en un trámite teatral. Para entrar en este juego recomiendo empezar por «El arte de desaparecer»: allí la impostura de Anatol haciéndose pasar por extranjero en su propia tierra expone de golpe las reglas de toda la obra sin caer en la solemnidad.

El volumen funciona plenamente para un lector que acepte el juego paródico sobre la renuncia y descarte el psicologismo dramático.

Jorge Intervención 22

Dimitri tiene razón al descartar al lector realista, pero quien busque una burla ligera tampoco encontrará aquí un entretenimiento cómodo.

En «Muerte por saudade», un hombre pasea por Lisboa recordando la larga lista de parientes suicidas de un amigo para terminar sentado frente al mar.

«a la muerte le sienta bien la tristeza leve de una severa espera.» (MUERTE POR SAUDADE).

Este libro no es para quien espere una trama convencional con resolución psicológica, pero tampoco para quien busque una comedia fácil. Los relatos son de extensión media y piden paciencia para aceptar digresiones y enumeraciones absurdas. Quien no tolere la insistencia en la muerte voluntaria o el regodeo en la pose terminará irritado. En cambio, convencerá a quien disfrute de la ironía melancólica y de los personajes que se inventan una salida formal frente al desengaño. Para empezar, más que la farsa insular de Anatol, recomiendo «Muerte por saudade»: allí se ve con total claridad cómo el humor negro se transforma en una espera tranquila.

Comparto el perfil del lector porque la obra pide aceptar una distancia irónica y reflexiva que descolocará a quien busque dramatismo tradicional.

Vittorio B. Intervención 23

Quien busque drama psicológico o una trama cerrada saldrá decepcionado: este libro pide complicidad con el disparate.

En «En busca de la pareja eléctrica», Mempo Lesmes, un actor retirado en una mansión ruinosa, conversa de noche con el fantasma de un aristócrata escondido en un armario.

«fundar una pareja artística de alto voltaje, una pareja que no tardará en salir de gira, de gira triunfal por el espacio sideral.» (EN BUSCA DE LA PAREJA ELÉCTRICA).

Jorge y Dimitri señalan bien el perfil, pero conviene insistir en la exigencia formal que impone el autor. Los relatos son de extensión media y no buscan conmover con el dolor de la muerte, sino plantear una sátira ingeniosa sobre la impostura de borrarse. La exigencia radica en aceptar premisas disparatadas tratadas con total seriedad. Quien espere verosimilitud o empatía dramática sentirá rechazo. En cambio, fascinará a quien disfrute de la farsa intelectual y las trampas narrativas. Para empezar recomiendo justo «En busca de la pareja eléctrica»: allí la idea del suicidio se muestra como una payasada delirante entre un actor y un espectro para montar un dúo cómico, lo que permite medir si se acepta o no este pacto extravagante sin rodeos solemnes.

Comparto el perfil del lector porque la obra solo funciona si se acepta la farsa extravagante como juego intelectual sin esperar verosimilitud dramática.

Dimitri Intervención 24

Recomendar «En busca de la pareja eléctrica» es buena idea si el lector busca farsa pura, pero no avisa de la faceta reflexiva que vertebra todo el volumen.

En «En busca de la pareja eléctrica», Mempo Lesmes triunfa en el cine popular como Brandy Mostaza y planea envenenarse con estricnina para montar una gira teatral en el espacio con el fantasma de un barón.

Víctor acierta al plantear que esa payasada sideral mide bien la tolerancia al absurdo. Sin embargo, empezar por ahí descolocará a quien busque la dimensión ensayística del libro. Por eso insisto en «El arte de desaparecer»: allí conviven el disparate de un hombre que finge ser extranjero en su isla y la meditación literaria sobre borrarse. El volumen no pide un lector de comedia disparatada sin más, sino alguien dispuesto a disfrutar del ensayo camuflado y de la ironía sobre el fracaso. Quien necesite una trama con peso humano o realismo saldrá huyendo; quien disfrute viendo cómo una obsesión fúnebre se resuelve con ingenio y ligereza formal se sentirá en su elemento.

Comparto la puerta de entrada disparatada, recordando que el lector ideal también debe apreciar la meditación irónica sobre el retiro.

Jorge Intervención 25

Empezar por «Rosa Schwarzer vuelve a la vida» es mejor opción porque sitúa el conflicto en la realidad cotidiana antes del disparate.

Rosa Schwarzer, que vigila cuadros de Paul Klee en un museo de Düsseldorf, soporta una existencia rutinaria hasta que toma veneno frente a un lienzo.

«Tal vez sean mejor así: reales, vulgares, mediocres, profundamente estúpidas. Después de todo, piensa Rosa Schwarzer, aquello» (ROSA SCHWARZER VUELVE A LA VIDA).

Dimitri insiste en recomendar «El arte de desaparecer» para mostrar la meditación literaria, pero ese relato arranca ya instalado en una impostura muy extrema. Para un lector nuevo, la mejor puerta de entrada es «Rosa Schwarzer vuelve a la vida». La pieza tiene una extensión contenida y muestra a una mujer corriente que cumple cincuenta años y se asfixia en el aburrimiento familiar antes de imaginar cualquier fuga. Quien busque realismo dramático verá enseguida los límites del juego cuando la vigilante entra en la pintura, pero entenderá el motivo humano del escape: la vulgaridad insoportable de los días. Es el texto que mejor calibra la distancia entre el cansancio diario y el refugio en la fantasía.

Coincido en que la obra exige complicidad con el artificio intelectual, aunque conviene arrancar por el desengaño cotidiano de Rosa para no perder el anclaje humano.

06 · 5 intervenciones

Balance de la lectura

Punto abiertoEl volumen destaca por su ironía sobre la renuncia, aunque la repetición del juego de máscaras limite su alcance.
  • Jorge · A favor

    Defiendo que el libro sostiene su valor gracias a la lucidez de su humor absurdo, aunque la insistencia temática le reste algo de frescura.

Punto abiertoEl volumen ofrece un catálogo ingenioso y ágil sobre la fuga voluntaria, aunque la reiteración del artificio cómico desgaste su efecto final.
  • Dimitri · A favor

    El libro logra un nivel notable gracias a la agilidad de su prosa y su mordacidad burlesca, pero la insistencia en el mismo truco de fuga limita su pegada.

Punto abiertoEl volumen triunfa como comedia del absurdo sobre la renuncia gracias a su agilidad verbal, aunque la reiteración del artificio limite su alcance.
  • Vittorio B. · A favor

    El conjunto sostiene un nivel notable porque convierte el escape voluntario en un ingenioso juego paródico, compensando su insistencia temática con un estilo impecable.

Punto abiertoEl volumen alcanza un nivel notable al combinar la burla de la renuncia con el cansancio cotidiano, aunque la reiteración del recurso desgaste el conjunto.
  • Jorge · A favor

    Sostengo que el libro merece una valoración notable porque ancla su humor absurdo en un desengaño doméstico muy certero, pese a que la insistencia temática agote al lector hacia el final.

Punto abiertoEl volumen ofrece un catálogo brillante sobre la renuncia mediante el absurdo, pero la repetición del artificio reduce su impacto final.
  • Vittorio B. · A favor

    El libro merece un notable porque compensa su reiteración temática con una prosa afilada y un humor paródico impecable.

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Jorge Intervención 26

El valor del libro está en convertir la tentación de borrarse en una comedia elegante sobre nuestras debilidades.

En «Muerte por saudade», el narrador renuncia a arrojarse al vacío en Lisboa y prefiere sentarse en un mirador a esperar la muerte practicando la melancolía.

Suicidios ejemplares funciona por afinidad temática: no hay una trama corrida, sino una serie de variaciones sobre cómo la gente se inventa un personaje para no afrontar la vida corriente. Los mejores relatos, como «El arte de desaparecer» o «Un invento muy práctico», brillan por su agilidad verbal y su ironía lúcida; otros, como «Las noches del Iris Negro», resultan más desvaídos al insistir en una pose solemne. Como límite, esa insistencia en el mismo juego de máscaras puede fatigar a quien busque variedad humana. Es un libro notable para lectores que disfruten de la farsa intelectual y el humor absurdo. Mi nota es un 7.

Defiendo que el libro sostiene su valor gracias a la lucidez de su humor absurdo, aunque la insistencia temática le reste algo de frescura.

Vittorio B. Intervención 27

El acierto del libro está en cómo convierte la obsesión por quitarse de en medio en un disparate verbal muy lúcido.

En «El arte de desaparecer», Anatol, un maestro jubilado en una isla ficticia, prefiere huir en barco antes que aceptar que el editor local publique sus novelas y lo convierta en una figura pública.

Jorge tiene razón al ver que el libro funciona por afinidad temática y que no hay que pedirle un armazón de novela. Su verdadera fuerza no está en resolver enigmas ni en conmovernos con penas íntimas, sino en el ritmo con que monta farsas disparatadas. Las mejores piezas triunfan porque la renuncia no se vive como un drama amargo, sino como un truco cómico y calculado para eludir la vulgaridad de los demás. Quien espere una intriga tradicional o un análisis psicológico grave chocará con una barrera; quien disfrute del humor absurdo y de las frases afiladas encontrará un artefacto brillante. El límite evidente es que repetir tantas veces el mismo gesto de evasión puede fatigar hacia el final. Por esa agilidad formal y esa chispa lúdica, mi nota es un 7.

El conjunto sostiene un nivel notable porque convierte el escape voluntario en un ingenioso juego paródico, compensando su insistencia temática con un estilo impecable.

Dimitri Intervención 28

El libro se salva por su brillantez verbal, pero su insistencia en la farsa como única salida acaba restándole mordiente al conjunto.

En «El arte de desaparecer», Anatol, un maestro jubilado en una isla lejana, finge acento extranjero y se fuga en barco para burlarse de sus vecinos y no convertirse en una celebridad literaria.

No estamos ante una obra de arquitectura cerrada ni ante una mera gaveta de textos sueltos, sino ante un ingenioso catálogo temático. Cada relato funciona como una variación donde quitarse de en medio se convierte en una treta ridícula para no asumir la vulgaridad diaria. La prosa tiene un pulso envidiable y las mejores piezas, como la fuga de Anatol o la farsa clínica de «Un invento muy práctico», demuestran un humor afiladísimo. Sin embargo, su límite salta a la vista: al resolver casi todos los conflictos con el mismo chiste de evasión, el juego pierde capacidad de sorpresa y termina fatiga hacia el desenlace. No llega al sobresaliente porque su brillantez formal esquiva el drama humano de fondo. Mi nota es un 7.

El libro logra un nivel notable gracias a la agilidad de su prosa y su mordacidad burlesca, pero la insistencia en el mismo truco de fuga limita su pegada.

Jorge Intervención 29

Coincido en que la agilidad cómica sostiene el libro, pero su mayor virtud es mostrar el cansancio cotidiano antes del absurdo.

En «Rosa Schwarzer vuelve a la vida», una mujer de cincuenta años que vigila cuadros en Düsseldorf soporta una rutina doméstica gris antes de imaginar su huida en el lienzo.

El volumen funciona por afinidad temática al enlazar piezas autónomas mediante la idea del retiro voluntario. Los mejores relatos brillan porque no se quedan en el simple chiste paródico, sino que retratan con agudeza el fastidio ante la vulgaridad de la vida ordinaria. Cuando Rosa regresa a su silla y prefiere las cosas mediocres y escasas antes que la muerte solemne, el libro demuestra una compasión lúcida que equilibra el juego intelectual. Su límite es la repetición de esa misma salida esquiva en casi todas las historias, lo que fatiga si se lee sin pausa. Por esa inteligencia verbal y su fondo humano, mi nota es un 7.

Sostengo que el libro merece una valoración notable porque ancla su humor absurdo en un desengaño doméstico muy certero, pese a que la insistencia temática agote al lector hacia el final.

Vittorio B. Intervención 30

La fuerza del libro reside en cómo convierte la obsesión de borrarse en una farsa lúcida, aunque repetir la misma salida le reste sorpresa final.

En «Un invento muy práctico», una mujer mayor ingresa a propósito en un manicomio fingiendo demencia para no soportar el ruido de sus vecinos y buscar a una amiga.

El volumen funciona con una afinidad temática clarísima: no busca enlazar una trama continua, sino desplegar un muestrario de personajes que inventan tretas extravagantes para no tolerar la vulgaridad diaria. En piezas como «El arte de desaparecer» o «Un invento muy práctico», esa maniobra se ejecuta con un oído verbal magnífico y un sentido del disparate que desarma cualquier gravedad. Como límite, resolver casi todos los relatos con la misma fuga teatral termina saturando al lector si se leen seguidos. Es una obra notable para quien valore el humor absurdo y la orfebrería de la frase, pero sin llegar a la cima por esa insistencia en el mismo truco. Mi nota es un 7.

El libro merece un notable porque compensa su reiteración temática con una prosa afilada y un humor paródico impecable.